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‘‘La necesidad del anarcosindicalismo como fundamento del ecologismo revolucionario’’ por Un CéNéTista (España, 2022)

La necesidad del anarcosindicalismo como fundamento del ecologismo revolucionario

Un texto de ‘‘Un CéNéTista’’
España 2022
Publicado en Ingles en el jornal Liberté Ouvrière #2

La clase trabajadora tiene la responsabilidad de dar cuenta que su capacidad de lucha no está en su capacidad de consumo. La clase trabajadora no tiene capacidad para cambiar las formas de producción capitalistas única y exclusivamente mediante la misma fuerza de demanda del capitalismo.

El desarrollo en la historia de la lucha de clases ha planteado una situación extraña en el momento actual.

En el pasado, el desarrollo industrial y la concentración de capital, propiedad de los medios de producción y aumento de la capacidad militar y de control del Estado, supuso un enfrentamiento entre el Estado, la clase capitalista en ascenso y un artesanado no industrializado, y todavía no proletarizado. El desarrollo y despliegue del capitalismo hizo que el artesanado se viera obligado a abandonar sus posiciones de fuerza y dar paso atrás, facilitando el espacio de producción a un nuevo sujeto económico producto de la sociedad industrial capitalista y de la concentración de la propiedad y la riqueza en la clase capitalista y estatal.

De esta forma el artesano, que controlaba una parte muy importante del proceso productivo, se ve obligado a luchar contra las nuevas direcciones de los centros fabriles para los que trabaja, perdiendo el control sobre el tiempo de trabajo, por ello también del descanso, la retribución, las herramientas de trabajo y el control técnico sobre la producción y fabricación de las piezas artesanas. En este sentido, el avance de la sociedad industrial supone al entrada de nuevos equipamientos técnicos que modifican la forma de fabricación artesanal y van desplazando poco a poco al artesano del proceso productivo. El modo de producción industrial modifica los procesos manuales y se desprende de los conocimientos técnicos que durante muchos años acumulaba el artesano.

Todos estos cambios provocan un proceso de proletarización que va arrebatando al trabajador la capacidad de control del proceso productivo y el trabajador se convierte en una pieza reemplazable en el proceso productivo.

La clase trabajadora se convierte en una pieza clave de la sociedad capitalista, y más aun en el capitalismo productivo. Este capitalismo productivo base toda su creación de riqueza única y exclusivamente en la capacidad de producción de la clase trabajadora.

Con el desarrollo de la industrialización, surge un nuevo trabajador que se destaca principalmente por su oficio, y por la inmediatez. Y donde su capacidad de consumo se convierte en un elemento casi despreciable.

Sin embargo, el desarrollo del capitalismo industrial y de los nuevos métodos de producción, obligan al capitalismo a mantener la producción de una manera ininterrumpida y con una producción de mercancías de una forma masiva.

Es en este momento donde la clase trabajadora se convierte en un elemento crucial de la sociedad de consumo, ya que el capitalismo revaloriza la capacidad de consumo de la clase trabajadora con el fin de reintegrarla en la sociedad capitalista no solamente explotando su fuerza de trabajo, sino explotando su capacidad de consumo. La clase trabajadora, ya no se va a caracterizar única y exclusivamente por su capacidad de producción, sino también por su capacidad de consumo en la sociedad.

Esta reintegración supone convertir a la clase trabajadora en algo más que en un sujeto productivo, va a suponer convertir a la clase trabajadora en clase consumidora.

Es en este momento, donde emergen nuevas identidades que compiten dentro de la clase trabajadora para apoderarse del control de la identidad de clase. La clase trabajadora ya no se va a representar así misma por su oficio o por su capacidad de producción, sino con su capacidad de consumo, y se va a desplazar la fuerte conciencia proletaria por una nueva conciencia individual que le permite adaptarse a las nuevas identidades de la sociedad de consumo.

En este momento, la conciencia de clase y los vínculos todavía existentes en la clase trabajadora se difuminan, y disputan su espacio con la identidad obrera, emergiendo nuevas identidades  propias de la sociedad de consumo: usuarios de servicios, cliente de compañías de seguros, beneficiario de una hipoteca bancaria, propietarios de una vivienda, estudiante de un título universitario, etc.

En este sentido, la disputa por el espacio de la conciencia en la sociedad de consumo ha provocado un auge de las conciencias e identidades propias del capitalismo de consumo, y ha provocado una caída de la conciencia obrera tan arraigada en el capitalismo productivo. Es en este momento, en el que la clase trabajadora se ha visto desposeída de su conciencia obrera en tanto que ha desarrollado un desprecio por la cultura proletaria, identificándose con los valores de la sociedad de consumo.

Este momento ha resultado crucial para la clase trabajadora, porque no solamente ha perdido su conciencia de clase, sino que ha perdido el sentido y la función real y efectiva en la sociedad capitalista.

A diferencia de la clase capitalista, que solamente tiene capacidad de consumo, la clase trabajadora tiene un valor añadido, es la única que tiene en exclusiva la patente productiva en la sociedad de consumo, y por el contrario, su capacidad de consumo es realmente muy limitada. Por un lado, ha perdido la conciencia de su necesidad productiva y se ha ensimismado en el espejismo de su capacidad de consumo limitada.

Es en este momento del desarrollo del capitalismo de consumo donde surgen organizaciones que intentan organizar y defender a los derechos de consumidores y usuarios en un intento por organizar a la sociedad de consumo. No obstante, estas organizaciones no surgen al calor de los intereses de la clase trabajadora, surgen por el contrario al calor de los intereses de la clase consumidora, sin tener en cuenta las diferencias y la capacidad de consumo existente entre la clase trabajadora y la clase capitalista.

Es en este momento en el que estas organizaciones comienzan a tener un peso importante en la sociedad del consumo, porque van a disputar un terreno ideológico dentro del capitalismo en el que solamente van a discutir esa parte del capitalismo que no puede ser permitido, aquel capitalismo que vulnera los derechos de la clase consumidora.

Sin embargo, para el capitalismo su sueño es que el proceso productivo no dependa estructuralmente de la clase trabajadora, por eso el capitalismo se ha dirigido directamente al automatismo de la producción, entre otras muchas razones, pero principalmente porque las máquinas -de momento- no aspiran a una revolución obrera.

Las organizaciones de derechos de usuarios y consumidores se convierten en un pilar fundamental de la sociedad de consumo, en tanto que vienen a reajustar el capitalismo de consumo a institucionalizarse y a operar desde una ideología estrictamente reformista.

Esta ideología estrictamente reformista tiene su arraigo en las bases del capitalismo de consumo, en una mentalidad individualista, corporativa, nacionalista que no solamente construye la identidad de la sociedad de consumo, sino que penetra en la ideología de los movimientos sociales.

Una parte importante del ecologismo se ha dejado influenciar por estas formas de ecologismo institucional, que aspiran a poner freno al capitalismo en convivencia con él. Una parte de estas organizaciones hunden sus esperanzas en la capacidad de las instituciones del capitalismo y del Estado en poner freno a los abusos ecológicos que genera el mismo sistema capitalista, y en muchos casos también intentan desarrollar un sentimiento de responsabilidad individual entre la clase trabajadora con el fin de hacer un llamamiento a su capacidad de consumo para frenar los abusos de la misma estructura productiva capitalista.

Sin embargo, en ningún caso se alude a la clase trabajadora por su potencial de lucha, que no es su limitada capacidad de consumo, sino su capacidad de parar la producción.

Es más, las formas de boicot que puede emplear la sociedad de consumo no pueden provocar un cambio en las formas de producción capitalistas, porque refuerza el papel de la demanda, en la sociedad de consumo capitalista, porque no profesan una vía revolucionaria. En este sentido, unos productos -única y exclusivamente- se cambian por otros, pero no se ahonda en la necesidad de acabar con el capitalismo, como estructuca política y económica de crecimiento ilimitado en un escenario de bienes y materias primas finitas.

Es en este momento en el que emerge una nueva forma de capitalismo que busca recuperar la materia prima, en un intento por aprovechar cada desecho provocado por la barbarie capitalista y reintegrarlo en la cadena productiva. El desarrollo de esta forma de capitalismo se le podría denominar sin ningún género de dudas como capitalismo o economía de la basura, que consiste en desarrollar toda una industria productiva sobre la base del aprovechamiento de la basura, como una materia prima más que reutilizar y reciclar.

Es decir, recuperar los deshechos producidos por la industria y reintegrarlos en las cadenas productivas. Y sobre todo, fabricando productos que por su características podríamos hablar de ellos directamente como basura, o como deshecho producido para ser rápidamente reintegrado. Es la industria de los productos que se han generalizado como objetos de usar y tirar. Que son usados durante un espacio de tiempo muy breve, o que directamente ni siquiera serán utilizados, formando parte directamente de la basura.

Sin embargo, el sueño de la economía de cero residuos es una ficción, el capitalismo no solamente genera residuos sólidos para su cadena de producción, mediante la reintegración del deshecho como materia prima, también genera una cantidad ingente de gases y sólidos que se pierden y a los que se denomina irrecuperables.

En relación a los, nos encontramos ante la misma disyuntiva. La clase trabajadora tiene la responsabilidad de dar cuenta que su capacidad de lucha no está en su capacidad de consumo. La clase trabajadora no tiene capacidad para cambiar las formas de producción capitalistas única y exclusivamente mediante la misma fuerza de demanda del capitalismo.

La ideología capitalista de la economía de la basura defiende la idea de cerrar un círculo material entre materia prima, medio ambiente y deshecho del capitalismo, pero esta ficción es solamente un espejismo del que se nutre la sociedad capitalista. El capitalismo utiliza esta ficción del círculo infinito del reciclaje para dotarse así mismo de una ideología sostenible, pero lo cierto es que existen muchas fugas, y gastos no contabilizados de los que no se hace ningún cargo.

El activismo de consumo si se le puede denominar de alguna forma a esta forma de lucha, resulta reformista y capitalista.

Una parte importante del movimiento ecologista se ha centrado en desarrollar esta ideología de aprovechar la basura capitalista e intentar explotar la vida de la basura, convertirla en materia prima e intentar reintegrarla al proceso productivo.

Sin embargo, es necesario que el movimiento ecologista recupere la dimensión de clase del movimiento. Las instituciones del capitalismo no pueden frenar la destrucción del medio ambiente, mientras la economía se rija por criterios que no aspiran a satisfacer necesidades sino intereses y beneficios, o si el aparato estatal no aspire a asegurarse recursos económicos para la guerra.

He ahí que el anarcosindicalismo tiene un papel muy importante, recupera la conciencia entre la clase trabajadora de la necesidad de que las trabajadoras y trabajadores se asocien y se organicen bajo los principios del anarquismo. Recuperen su dimensión específicamente productiva y el valor y control sobre la producción que les permite reforzar sus herramientas de lucha con las que parar la producción y hacerse conscientes de que es la clase trabajadora la que mueve el mundo. Ahí el poder del ecologismo revolucionario, parar el capitalismo y su destrucción medio ambiental con la intención de hacer la revolución y edificar la sociedad sobre bases completamente distintas.

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